viernes, 20 de mayo de 2011




HAITÍ FRENTE AL FUTURO

Wilson acosta sosa


El vecino Estado de Haití está estrenando un nuevo presidente cuya toma de posesión se efectuó el 14 de mayo del año en curso. Entre las personalidades que asistieron al magno evento estuvo el ciudadano presidente de la República Dominicana DR. Leonel Fernández Reyna. Por primera vez en la historia de ambos países limítrofes, que comparten la isla de La Española, un presidente dominicano asiste a un acto de igual naturaleza. Nuestro ciudadano Presidente ha jugado un papel preponderante en la búsqueda de soluciones a los problemas por los que atraviesa Haití tanto en el orden institucional como en el aspecto político y económico.

Con una débil, por no decir inexistente institucionalidad, derivada del desinterés de sus sucesivos dirigentes en los asuntos que son de beneficio para el estado y para sus gentes, consecuencia también del atropello permanente a los derechos ciudadanos, traducido todo esto en un tradicional desamparo de que ha sido objeto en lo que lleva de vida republicana; este empobrecido país, consumido por la ignorancia de sus grandes masas de campesinos analfabetas y de la población que vive en los grandes cinturones de miseria de la ciudad capital y de otras ciudades en situación de promiscuidad y arravalización, sin protección social, sufre el embate del hambre y de las enfermedades contagiosas endémicas que lo han martirizado por generaciones.

Por más de dos siglos atrapados en un cruel fanatismo que los incapacita para pensar en función de país, de bienestar y de futuro; han sido siempre fáciles presa de los desmedidos apetitos de una clase social con un alto grado de conocimientos, profesionalidad y poder económico, que salvo honrosas excepciones, se han manifestado indiferentes ante el destino de ese pueblo digno de mejor suerte, que a pesar de haber sido explotado a través de su historia en sus recursos naturales por las mismas potencias que hoy lo intervienen militarmente, no han logrado de ellos un poco de compasión, o mejor, despertar en las conciencias de los dirigentes de esas potencias mundiales, el sentido de responsabilidad o culpa que les asiste como co-autores en el pasado y en el presente de ese drama desgarrador.

El Presidente electo Michel Martelli prestó juramento a su cargo en una sencilla ceremonia que se realizó en la sede temporal del Palacio Legislativo de la capital del país en la sesión extraordinaria de la Asamblea Legislativa celebrada para la ocasión.
Haití, un pueblo de por sí permanentemente convulso, que camina dando tumbos a tientas y a ciegas, equivocado y mal orientado en su búsqueda del camino correcto que lo conduzca a su recuperación económica social y política, ha tenido que soportar en estos primeros años del siglo 21 graves acontecimientos, unos políticos y sociales otros provocados por la naturaleza, que prácticamente le han arrebatado la posibilidad de que pueda construir una estructura que defina de una vez por todas su destino: Primero, tras el derrocamiento del gobierno constitucional de Jean Beltrán Arístides, la comunidad internacional con los Estados Unidos de América y Francia a la cabeza decidieron intervenir e intervinieron militarmente este país que se había convertido en asentamiento o santuario de mafias internacionales que practican el sucio negocio del tráfico de estupefacientes y del contrabando, creando al efecto una fuerza militar internacional de ocupación LA MINUSTAH. Segundo, un atroz terremoto derribó los cimientos de Por Au Prince su capital y de otras ciudades, cobrando centenares de miles de víctimas mortales, destrozando lo poco que quedaba de su magra economía. Tercero, ese tétrico paisaje que dejó el terremoto fue asolado por una tormenta tropical y como si esto resultara poco un brote de cólera trasmitido por soldados de la fuerza de intervención: MINUSTAH procedentes de NEPAL, (! ironías del destino!) de AFRICA la madre Patria, se suma a la ya desde antes insoportable situación, que amenaza al resto de la población zarandeada y diezmada, y que ha traspasado ya las fronteras físicas y ha comenzado su diabólica acción afectando a los habitantes de la república dominicana.

A raíz de estos sucesos la comunidad internacional se volcó en promesas de grandes ayudas para aliviar un poco el sufrimiento y las carencias derivadas, pero, hasta el día de hoy, Haití se debate en la desesperanza clamando por una solidaridad que le llega a cuenta gotas.

Esta es a groso modo la situación que impera en el país vecino y que hoy tras unas elecciones que resultaron un tanto traumáticas se apresta a recibir un gobierno presidido por un hombre joven que al decir de los medios de comunicación nunca intervino en política y que su profesión por la que se agenció fama y reconocimiento es la de cantante, folklorista y bailarín.
No obstante, parece ser que las naciones que intervienen y dirigen el proceso haitiano han depositado su confianza en este hombre que ha prometido unir las voluntades en Haití, para dar respuesta a los problemas urgentes de la nación, promoviendo la educación obligatoria en el inicio de una lucha encaminada a que los haitianos logren en su país trabajo seguro y digno. Pidiendo en su discurso inaugural la materialización de la ayuda ofrecida y la solidaridad internacional con los proyectos de su gobierno.
Hace ya unos años fui testigo de una opinión expresada en una tertulia de amigos por un distinguido periodista haitiano director del periódico ”Le Matain” de nombre o apellido Dumé, ya fallecido, en la que aseguraba que los gobernantes haitianos a través de su historia no se preocuparon en realizar las obras importantes que debían sacar a su pueblo del anquilosamiento y la miseria dando el siempre difícil y necesario paso que lo encaminara hacia la civilización y el desarrollo, a diferencia, decía, con los gobiernos dominicanos; y para darle fortaleza y credibilidad a su ponencia hizo un parangón entre los dos dictadores que coincidieron en el tiempo en la república dominicana y en su país, se refería a Rafael L. Trujillo y a Francois Duvalier.
Trujillo, decía Dumé, fue un dictador sanguinario que avasalló e humilló a su pueblo, pero se ocupó de sacarlo del analfabetismo y del estancamiento rural construyendo obras de infraestructura, dando los primeros pasos para el surgimiento de una clase media que le serviría de catapulta y que conduciría a su país por vías expeditas de desarrollo. En cambio Duvalier en Haití no construyo, se condujo con marcada indiferencia ante el destino de su nación, y a pesar de ser un intelectual y un médico eminente, explotó a su favor la ignorancia de su pueblo, se convirtió en una deidad de la religión Budú y se sirvió a su antojo de las masas campesinas de su empobrecido país.

Haití es un pueblo con una historia sin igual en América. Hizo una revolución abolicionista sangrienta, que lo redimió de la esclavitud a que lo sometía el imperio francés en el siglo XV111; y de Francia obtuvo también su independencia que proclamo Dessaline el 1 de enero del año 1804, fundando una república negra en pleno corazón de América. La segunda nación en proclamar su independencia en el continente y la primera en América latina.
Juan Pablo Duarte el Padre de la Nacionalidad Dominicana dejo plasmada en sus escritos que legó a las generaciones presentes, su admiración por ese pueblo, por su sacrificio y su determinación que lo convirtió en el segundo Estado libre del hemisferio.

Después de su independencia los hombres que dirigieron los destinos del pueblo haitiano no pudieron, a pesar de su ingente empeño, salvar la gran estructura económica y social construida bajo el régimen de plantación colonial francés. Ese pueblo acabado de salir de la esclavitud no acepto un régimen intermedio de servidumbre propuesto por algunos, en el que la libertad recién adquirida se perdía en aras de lograr aquellos propósitos de mantener intacta la economía de plantación que les legara la colonia.
La economía de las grandes plantaciones comenzó a desaparecer, el latifundio que explotó por un siglo la parte occidental de la española fue paulatinamente convirtiéndose en un régimen de minifundios que prácticamente producía para la subsistencia; las grandes exportaciones de café, cacao, añil y otros rublos no menos importantes, quedaron como un recuerdo de los tiempos de esplendor de la colonia.

Los líderes que condujeron la lucha haitiana desde la revolución hasta la independencia: Tousssaint Le Overture, Dessalines, Crhistophe, Petión y Boyer, no tuvieron éxito en cuanto a lograr encaminar por la senda correcta la economía de su país conformado por medio millón de seres sumidos en la ignorancia, acabados de salir de un régimen esclavista, aferrados a su libertad recién adquirida, y de una pequeña cantidad de mulatos intelectualmente preparados y dueños de la economía, cuyos intereses eran por tanto totalmente opuestos a los de aquella gran masa de ex-esclavos sin ambición e indiferentes ante el ideal de progreso, a los que se sumaba un pequeño grupo de negros puros instruidos y económicamente posesionados que se convirtió en la cabeza del partido que se disputo a través de la historia el poder con el partido de los mulatos.
Esa diferencia que enfrentó desde antes de la independencia, en cuanto a ideales, intereses y discriminación racial, a los mulatos y a los negros, se prolongó durante todo el curso de su historia, y sin lugar a dudas, estos evitaron con sus constantes luchas el establecimiento de un plan nacional que promoviera metas de civilización y desarrollo.

Martelli asume el reto histórico de dirigir un país donde el ochenta por ciento de su población vive por debajo de la pobreza y dos tercios de ella dependen de un sector de la agricultura y la pesca organizado en pequeñas explotaciones de subsistencia.
La descontrolada y permanente acción de deforestación ha llevado a la superficie arbolada de ese país a menos de un dos por ciento para el año 2006. Su escasa infraestructura, de comunicaciones, industriales y de servicios es victima de la carencia de inversiones como resultado de la inestabilidad y la violencia.
El sector más importante es el textil que hace más del setenta y cinco por ciento de las exportaciones y el noventa por ciento del PBI. Este es un sector casi totalmente dependiente de la demanda y ayuda arancelaria del exterior, en particular la de los Estados Unidos de América.
Con la inauguración del nuevo gobierno se abre para Haití una puerta a la esperanza. ¡Ojalá esta puerta permita el tránsito al orden social e institucional de este pueblo, porque es el ORDEN la primera y fundamental ley del universo!

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