miércoles, 21 de marzo de 2018

EL MOLINO

Wilson A. Acosta S.
-Una curiosa historia en dos dimensiones-


El día que apareció el enorme vehículo con todo lo

indispensable para dar inicio a la construcción del molino que

pondría fin a la tortura de las mujeres que en las mañanas

descendían a los cachones en busca del agua para cumplir con sus

quehaceres domésticos, todo el pueblo estalló en júbilo, y corrió a
dar la bienvenida a sus benefactores.

Excitados observaban con asombro las enormes aspas metálicas

que a su tiempo la energía del viento haría girar para extraer la

vida del subsuelo. El pequeño pueblo se vistió de fiestas, mientras

que San Bartolo permaneció iluminado por más de una semana. Y

las mujeres pensando: no más perdidas de sueño; se acabó ¡por fin! tener que soportar el peso de la

vasija chorreando sobre nuestras cabezas el agua que se le escapa

alojándose en el babonuco, mojando nuestras caras, nublando nuestros ojos,

haciéndonos casi perder el equilibrio

El suceso ocurría en mi vecindario. Era un espectáculo propio de los

pueblos abandonados y urgidos de la década de los años cuarenta

del pasado siglo. [Para ser sincero, alguien me contó esta historia, pues para

la fecha en que se produjo yo no había nacido aun, no obstante, me fascinó de tal manera que de

inmediato decidí convertirme en su principal protagonista]

El solar escogido tenía una profunda significación para mí y para

mis amiguitos, pues desde hacía tiempo lo habíamos convertido en

nuestro campo de juegos. Ideal escondite donde vivíamos nuestras

inocentes fantasías con historias de tesoros perdidos y charros

trasnochados, influenciados por el cine del momento.

Me imaginé por un instante la inminente desaparición de nuestro refugio

preferido, víctima del progreso que nos invadía; entonces, sentí

una honda pena por mí, por mis amigos, y por el destino de

nuestras secretas fantasías.

Cuál sería la suerte de aquel niño sin nombre, me preguntaba…Nuestro pequeño

amigo, que nos aguardaba siempre con una gran sonrisa; dibujando

en cada encuentro, en el silabear de sus palabras torpes, una historia nueva


que nos encantaba… Afirmando cuando se le inquiría: “Esta es mi

casa, aquí nací y viví con mis padres hasta que un día no hubo

despertar, pues nos quedamos dormidos en las camas para siempre.”

Luego, sin más preguntas ni confusas respuestas, se unía a nuestros

juegos…Ya tarde, cuando la voz de la mamá llamaba, cansados de

jugar nos despedíamos. Otra vez le preguntábamos: y tú, dónde vas

a dormir”. Él sonriente contestaba: “Esta es mi casa aquí dormiré,”

desapareciendo ante nuestros ojos igual como llegaba, haciendo

espacio bajo el tupido pajón de la alta hierba amarillenta del abandonado solar…

Se construyó una plataforma rectangular y en cada extremo se

levantó una columna con una toma de agua en cada una. Se hizo

una pared que unió las columnas en la que se inscribió la fecha de

la inauguración y el nombre del benefactor que ordenó la obra…….

Veíamos con la rapidez que la obra llegaba a su término. Un

enorme reservorio de forma

circular con varios metros de alto y otros tantos de ancho

desafiaba los techos bajos de las casas color tierra de la vecindad.

Las aspas del molino lucían tan majestuosas como una solitaria

palma real en la cúspide de un cerro deshabitado.

Inmersos en el embrollo de la permanente actividad de aquellos

constructores… Embebidos en la rápida transformación de nuestro


solar querido, mis amigos y yo, no notamos la ausencia del

misterioso niño que en medio de nuestros momentos de diversión

se aparecía.
A nosotros solo se nos permitía observar desde una prudente

distancia el ir y venir de aquellos hombres rudos, sudorosos en su

tarea obligada, firme, definitiva. Nos dijeron que al alejarnos se

evitaría un accidente. Y lo aceptamos no muy convencidos.

Tristes, frustrados, aguijoneados por una pena interior. Temerosos
de manifestarla a los mayores.




Las mujeres del vecindario, que siempre madrugaban para tomar
las

primeras aguas antes de que los rayos del sol les robara su limpia

frescura, un día, comenzaron a murmurar asustadas: hay un niño
de


cabellos blancos y ojos encendidos, de sonrisa diabólica, que repite

como si fuese el estribillo de una canción sin melodía: “esta es mi

casa,” También nos llega el eco de voces lejanas pero audibles que


amenazan: “estamos al llegar a reclamar lo que nos pertenece”.


El miedo nos mató la alegría cuando un anciano recordó una

historia trágica de épocas pasadas ocurrida allí; tronchó el ir y venir de las

mujeres madrugadoras, apagó las estrellas y las noches se tornaron


tenebrosas. El común chirrido de las aspas del molino en las tardes





calurosas ahora semejaba el grito de un fantasma atormentado. Desde entonces no

hubo un cristiano por valiente que fuese que en horas prohibidas

visitara el lugar.

Alguien gritó una de esas mañanas ¡Se secaron las fuentes!

Mirando al cielo con sorpresa, otro exclamó ¡! Se trancaron las aspas del molino!!

Mientras en un rincón un extraño niño de ojos encendidos cabellos blancos

y sonrisa diabólica con una voz semejante a un ronco murmullo de brisa nocturna

que presagia tormenta, decía: “llegaron los dueños del solar”

Entonces fue que lo volví a ver…frente a mí, transformado, con su nueva sonrisa de ángel malo, con

cabellos blancos y ojos encendidos... Ya que me has olvidado, me dijo, he decidido interrumpir tu sueño

para advertirte que mis padres han vuelto y no tolerarán visitas en nuestra casa.

Yo, temblando de pavor, cerré los ojos, escurrí la cabeza bajo las tibias sábanas de mi pequeña cama,

llamé a voces a mis padres que dormían. Me hallaba aun inmerso en tan horrible pesadilla

cuando juré por Dios no intentar acercarme a aquel diabólico lugar.

SEGUNDA PARTE
Siento no haberle preguntado a mi padre, en nuestras tantas confidencias antes de su muerte, la profunda razón que lo indujo a luchar tan denodadamente por la propiedad de un solar precedido de una historia tan siniestra. Creí una vez que al ser él tan sensitivo lo enamoró su cercanía al parque, donde con sus propias manos ayudó a levantar los primeros árboles y a colocar los primeros bancos; o quizás, fue la vecindad con el viejo caserón donde a partir de sus trece años comenzó su dilatado servicio al municipio; o a lo mejor, habría aceptado el reto al legado fantástico que arrastraba el lugar desde el día en que aparecieron “los antiguos dueños” con sus fieros y espeluznantes reclamos, ahuyentando con sus locas travesuras a las mujeres buscadoras de agua, hasta el momento en que se clausuró el molino.
Con el paso del tiempo me convencí de que mi padre ignoraba todo aquello y que si alguien se lo advirtió él no le dio crédito a la advertencia.
Eso sí, fue un grave error de mi padre haber construido su preciosa casita de clavó y de zinc, con media galería, frente a un jardín levantado por las virtuosas manos de mi madre, sin percatarse antes del ruidoso aquelarre que en las noches obscuras hacían temblar las débiles paredes de las casas vecinas, de las voces y conjuros de los que habían tomado posesión llegados de desconocida dimensión.

No recuerdo el día en que nuestros padres nos mudaron de la casa de la abuela a la casa nueva. Yo contaba con apenas dos años. Pero, después oí a mi madre confesar conmovida que al entrar a la casa le asaltó la sensación de que estaba habitada. Una noche, decía, me pareció ver en un obscuro rincón los ojillos encendidos de un niño de cabellos blancos con una cruel sonrisa bailándole en los labios, espiándome, en el momento de llevar los niños a la cama.

En nuestro pueblo, como en los demás pueblos de la región, es común la creencia en seres y entidades maléficas. Vivimos influenciados por esas historias escalofriantes. Como un virus se nos aloja en el cerebro desde niños informaciones que marcarán e influirán en la adultez a las personas. La semilla del miedo mitológico sembrada por el ancestro por generaciones en los montes y en los valles, los mismos que suplantaron y no dejaron huellas de la raza originaria.

No tardó el “misterio” en hacernos saber el disgusto que le causó nuestra presencia. Con fuerza azotaba el techo de la casa, abría las ventanas y arrastraba las sillas…Se sentían sus pasos…Se oía su tenebrosa voz en permanente desafío, volvía añicos los utensilios en la cocina… ¡era un fantasma!… nunca vimos su figura.

En las horas del descanso nocturno acurrucado en el regazo de mi madre yo levantaba un brazo y con un dedo señalaba el rincón donde ella el primer día observó perturbada la borrosa aparición de aquel extraño niño. Su instinto maternal la ponía en guardia, giraba la butaca hacia el amplio horizonte de la calle obscura, y con voz convincente me decía: “A dormir, que ya es tarde mi pequeño”

Mi padre ya había tomado la decisión- por la salud de la familia- de abandonar la casa. Ese enemigo invisible no le daba oportunidad de defenderse. No le faltaban ganas de estrangular con sus propias manos la intangible y desgraciada presencia que jugaba al tormento y a la locura en nuestros más íntimos espacios. La impotencia se adueñó de su cuerpo y de su alma.

Una noche. Me soñé que desperté enredado en las raras complejidades de un mundo surrealista, de molinos parlantes de aspas provistas de piernas que corrían veloces tras un rio vertical.
Eran cosas que trascendían a la imaginación de este mundo racional. De repente desde la cúspide de un montón de hierbas amarillas surgen mis antiguos amigos que me esperaban con un baúl de bellas fantasías y renovados juegos infantiles…
Del pajón de las hierbas amarillas surgió sin previo aviso con una franca sonrisa entre sus labios, con una nueva historia en el tartamudear de sus palabras mi extraño amigo diciéndome muy quedo: Yo nunca quise que vivieras esta historia, traté de explicártelo en varias ocasiones, pero a pesar de eso te empecinaste y te metiste en ella.

domingo, 4 de marzo de 2018

Frontera y Globalización

Wilson A. Acosta S.

Hemos escuchado a personas entendidas en la materia aseverar que la globalización como derivado del super desarrollo de la economía y del inusitado avance de la ciencia y la tecnología ha traído consigo, a contra pelo, la supremacía del individualismo ante el interés social, convirtiendo al hombre en un ser sumamente ambicioso, inclinado hacia metas muy personales, colocando en un segundo plano el interés común. Y que, obnubilado por el caudal de las maravillosas ofertas de bienestar y disfrute que les ofrece el nuevo estatus mundial va perdiendo el sentido ético de su naturaleza. Parecería que la ambición en el hombre se hace ilimitada ante el nuevo universo que se le oferta.

Se afirma en una discutida tesis escrita por el politólogo Francis Fukuyama en el año 1992 titulado EL FIN DE LA HISTORIA, la desaparición de la historia y el fin de las ideologías; la primacía del capital, de la tecnología y de la ciencia como fundamento de la futura sociedad humana y el predominio mundial del liberalismo económico liderado por Estados Unidos y Europa tras la derrota del facismo y del comunismo.

La globalización de las comunicaciones a pesar del enorme salto que representa en el tránsito de la humanidad hacia estadios superiores de civilización, ha introducido también modalidades completamente demoledoras en las sociedades que como las nuestras del tercer mundo, viven inmersas en el subdesarrollo; ha maleado nuestras costumbres ancestrales, nuestra cultura, nuestro lenguaje, nuestro pensamiento. Introdujo hasta esa forma cruel, sofisticada, de ensañamiento en la ejecución de los crímenes comunes, fruto de esa mala influencia que exhibe la innovación de la TV el internet y el cable a todos los rincones del mundo las veinticuatro horas del día. Es indiscutible que la ignorancia carece de posibilidad racional e intelectual para poder “Separar la paja del trigo” razón por la que el pueblo ignaro será siempre presa fácil de ese mensaje novedoso que atrapa las mentes incapaces de discernirlo.
Es indudable que la sociedad desarrollada vive hoy una etapa crucial de procesos y progresos. De cambios transformadores hasta hace poco impensables.

Cierto que la supremacía de la economía de la ciencia y la tecnología ha dado por llamar “Aldea Global “a lo que hasta entonces fue un enorme globo terráqueo donde la mayoría de las naciones casi se desconocían, con grandes diferencias en sus respectivos desarrollos socio- económico, repletas de atrasos e inequidades, que la magia de la tecnología de los países desarrollados los ha convertido en una vecindad.
Los separaban millares de kilómetros de distancia y aún otros tantos de civilización y conocimientos.
Ahora, los une una cercanía virtual.

Tal parece que nos encaminamos hacia un cambio radical en lo que respecta al concepto del estado nacional surgido en el siglo XV111; de los principios éticos, morales, sociales espirituales y religiosos que desde entonces han predominado en las naciones occidentales.

La riqueza, el deseo desmedido de todo lo “bueno” que ésta ofrece, sumerge al hombre de este siglo en un fatal individualismo, mientras que las élites que gobiernan el mundo cada vez más cerradas, se disputan los depósitos de los valiosos minerales que reposan en el subsuelo sin importarles el daño que su explotación acarrea al eco sistema y medio ambiente de nuestro planeta.
Indiferentes ante el drama de millones de seres humanos que huyen por el hambre y el horror que provocan las modernas e infernales armas que se emplean en la guerra por la supremacía económica y tecnológica mundial. Dando origen a una de los desplazamientos de migrantes más grandes que registra la historia de la humanidad.

Insensibles ante toda esta tragedia los amos del mundo se regodean en el exceso de sus riquezas, en pos de debelar los secretos de la ciencia; entretenidos en la conquista del espacio, apoyados en el capitalismo extremo que amenaza la paz del mundo, ignorando la miseria moral, el hambre, desamparo y analfabetismo de miles de millones de seres, víctimas de esa política negadora de justicia y de derechos humanos, obligados requisitos para mantener la paz la armonía y el real progreso entre los hombres.
A propósito de aquellos pobres países desde donde centenares de miles de sus habitantes al borde del colapso se han lanzado por los caminos inciertos de la emigración, le exponemos el ejemplo del triste cuadro de desesperanzas y abandono que acogota a nuestro vecino Haití.

Haití comparte la isla de Santo Domingo con la República Dominicana, posee la tercera parte de un territorio que no alcanza los cien kilómetros cuadrados, esa tercera parte ha sido devastada en sus ríos su flora y su fauna por la miseria y falta de educación de sus habitantes, por la negatividad y falta de interés de sus líderes políticos que le han gobernado a partir de la proclamación de su independencia. No obstante la vecindad física que acerca a ambos pueblos, existen poderosas razones históricas, idiomáticas culturales y religiosas que han interferido en su entendimiento.

La república Dominicana logró su independencia de Haití en el año 1844 después de 22 años de ocupación durante los cuales su imposición no logró diluir la identidad nacional de los dominicanos. Estos hechos incontrovertibles han de tenerlos en cuenta todo aquél que se proponga realizar un serio estudio del comportamiento secular entre ambas naciones.

En el presente la migración haitiana en la república dominicana establecida en campos y ciudades es masiva. Satura nuestro territorio de niños pedigüeños, mujeres embarazadas y hombres ofertando su fuerza de trabajo.
Desbordan las posibilidades de un país pobre como el nuestro que lucha por resolver sus graves problemas domésticos de salud vivienda educación y empleo. No es posible establecer con exactitud el número de hombres mujeres y niños que han ingresado libremente por la frontera por ser este un tránsito ilegal no regulado; se estima que alrededor de dos millones ya lo han logrado a partir de la muerte del presidente Trujillo ocurrida en el año de 1961, que custodió, en su férreo mandato de treinta y un años, con celo y orden la frontera. Hoy con el apoyo de las constructoras oficiales y particulares de los grandes y pequeños agricultores beneficiarios de la mano de obra barata en detrimento del obrero y del trabajador agrícola nativo, los haitianos vienen como en romerías a establecerse ilegalmente en nuestro territorio con el público beneplácito de instituciones internacionales que se entienden por encima de nuestras leyes y nuestra Carta Magna, desconociendo nuestra soberanía, pues les resulta más fácil dar esa simple solución a tan espinoso problema.


Los países del tercer mundo ven caer cada vez más en dependencia sus débiles economías e instituciones que han sido tomadas por el nuevo orden que hace al rico más rico y al pobre más pobre. No han querido comprender que la desigualdad la injusticia y el hambre amenazan con atravesar las fronteras y los muros de las grandes naciones, que no podrán detener la avalancha de millones de seres humanos en su desesperada búsqueda de lo esencial para poder vivir con dignidad.

La migración haitiana está siendo rechazada en todos los países, se aprestan a endurecer sus leyes para evitar “la migración no deseada” que por todos los medios les está llegando de Medio Oriente África México América latina etc…Tan patética es la situación que se ha llegado a predecir que de seguir este estado de cosas, la humanidad se expone en un futuro no muy lejano a una grave desestabilización.

La democracia y la libertad que se practicó en los siglos X1X y XX netamente teórica, enunciativa, excluyente, debe quedar en el pasado; la tecnología el capital y la ciencia deben ponerse al servicio de la educación y el desarrollo de los que permanecen en el atraso, abrirle paso a la democracia social de igualdad y justicia para todos, que sean sus objetivos primordiales la educación, la vivienda, la salud, el trabajo, la equidad, asegurando la participación de todos los ciudadanos, mediante consulta, sobre los temas referentes al presente y al futuro de la vida institucional en sus respectivos países, sobre todo, que las potencias dueñas del capital y la tecnología comprendan que deben pagar el precio de la paz prestando ayuda con honestidad al desarrollo de los pueblos que por razones harto conocidas no han logrado superarlo. Esa debería ser la gran meta del futuro.

Nuestro país se encuentra en estos precisos momentos en una delicada situación en que urge definir ante todo el problema migratorio, primero: la repatriación de los ilegales que inundan nuestro territorio. En segundo lugar: establecer una responsable y severa custodia de nuestra frontera física y jurídica con Haití, que evite su impune violación cumpliendo con las leyes y reglamentos que nuestra legislación dispone para corregir ambos casos. Solo así podrá asegurarse un futuro promisorio de paz y prosperidad a las dos naciones que ocupan esta pequeña isla.






sábado, 3 de febrero de 2018

REMINISCENCIAS DEL” PATIO NEIBERO”

Wilson A. Acosta S.
A LA MEMORIA DE DIÓGENES NOBOA LEYBA

En una anterior entrega hecha por mí en las páginas de este blog expliqué el origen del “Patio Neibero.” Me referí a los motivos íntimos que empujaron a mi pariente Diógenes Noboa Leyba, EPD, a convertir una parte del patio de su residencia en el Ensanche Luperón de la ciudad capital en un lugar donde junto a un selecto grupo de sus parientes cercanos y sus más Íntimos amigos pudiera someterse a una saludable catarsis, dando rienda suelta al recuerdo de su patria chica, a los hechos más relevantes acontecidos en el curso de su historia, bajo los efectos de un buen whisky que con moderación libaban, aderezado con una rica “picadera,” precedido de un suculento sancocho criollo. Corrían los años de la década del mil novecientos sesenta con sus serias complicaciones político-sociales que mantenían un estado de permanente conspiración en el país…

Para estos buenos y agradecidos hijos, empeñados en evocar los años de su juventud disfrutados a pleno pulmón en las verdes veredas de El Tanque o en las calles empolvadas de su natal Neiba, qué mejor, se decían, que el “Patio Neibero” como escenario propicio para dilucidar esas añoranzas y a la vez discutir sobre las distintas soluciones que entonces se planteaban públicamente a la delicada situación imperante.
Ellos en sus acostumbradas juntas de todos los domingos hablaban de la vieja aldea como si la hubiesen conocido desde su fundación, daban fechas, describían personajes y escaramuzas, manteniendo el interés de los que sólo escuchábamos, como yo, ávidos de empaparnos de la sabia dialéctica de estos neiberos de pura cepa desbrozando las páginas de nuestro pasado. En sus palabras quedaban impresos los colores y el olor acre de la tierra blanca humedecida a veces por escasas lluvias, del aroma de las flores del abrojo, del cigarrón, de la Resedá, de la Sangre de Cristo.

Cómo les fluían los sentimientos de solidaridad con la ruralidad de aquellos personajes de leyenda a que aludían, transportándose a la hermosa llanura, cubierta de polvo, de sol y pobreza, tal como si se desarrollara el drama en el presente, recreando sus correrías y travesuras llenas de interesantes episodios épicos, incluso cuando el relato se hacía con sobria expresión si así lo demandaba el argumento y la importancia de los protagonistas… Porque también la sobriedad es elocuente si se expresa con sinceridad y gozo.
Estos hombres describían las memorias pasadas con la misma exactitud con que se las habían descrito sus padres y sus abuelos el día que estos entendieron llegada la ocasión de ponerlos al tanto de los hechos domésticos que engrosaban un prontuario de pintorescas historias, o de los hechos más trascendentes acaecidos en la aldea.

Una aldea construida de tablas hechas de roble, palma cana y pisos de tierra artísticamente adornados y apisonados con sacos de cabuya , una cocina a unos cinco pasos de la casa, y la letrina en el fondo del patio para evitar que el hedor “ofendiera” cuando la brisa soplase. El breve trino de nuestros pequeños y autóctonos ruiseñores, “serenateando” el sueño de aquellos seres rezagados en las madrugadas claras y tibias de Neiba, armonioso canto que llegaba desde el monte cercano repleto de baitoas, bayahondas, olivos y cayucos con profusión de nidos; las incursiones de las iguanas tratando de convivir con la familia en los patios amplios, desguarnecidos, en busca de sobras para alimentarse, el vuelo rasante del guaraguao amo de las alturas en la sierra, depredador de las crianzas de las aves domésticas. ¡Una aldea configurada y habitada por verdaderos hombres y mujeres hechos de hierro!

Resulta que el neibero, carente de riquezas materiales dada la situación geográfica del terruño con su naturaleza avara, se vió obligado a buscar el sustento a fuerza de inauditos sacrificios, pero también dispuso su corazón decidido a construir un tesoro de amor y reconocimiento a los valores que en esa lucha consolidaron con su esfuerzo, guardando con orgullo en la conciencia común para el disfrute de las generaciones sus buenas victorias ganadas unas en la cotidianidad y otras en los desvelos por la patria grande.
¡Ah!, olvidaba el corral de los chivos, situado un poco más lejos del hogar, donde en las mañanitas se “arreñalaban” con un cántaro vacío las amas de casa en pos del ordeño de las chivas paridas, para confeccionar temprano con la leche calientita el desayuno de los rezagados que aún dormían, y hacer el queso. ¡Eran heroínas esas matronas de Neiba!

En ese entonces Neiba se dividía en dos mitades separadas por una franja de terreno casi deshabitada: Pueblo Abajo y Pueblo Arriba, este último, el vetusto y primigenio Neiba, donde nació Manuel de la Candelaria y Apolinar Perdomo Sosa traído al mundo por Dolores Sosa en la vieja casa solariega de su padre el general Francisco Sosa, situada en la esquina noroeste del parque que lleva el nombre del insigne poeta’” frente al hoy abandonado palacio de la gobernación que nos legó el generalísimo después de darle categoría de provincia al municipio en 1943; entre otros símbolos se hallaba la vieja comandancia de armas, la casa de hospedaje de la señora Ñañán Recio y la antigua iglesia donde el padre Meriño ofició su primera misa.

Pueblo Abajo, que comenzó a crecer vertiginosamente con visos de modernidad, con casas techadas de zinc con bellas galerías, con pisos, aceras de cemento y calles bien trazadas, convirtiéndose en un franco desafío a la primacía que ostentaba el centenario e histórico “Pueblo Arriba”. Iniciándose luego el futuro centro comercial con la tienda de Alberto Perdomo Sosa, una Botica o Farmacia cuyos propietarios procedían de Azua, entre otros establecimientos de no menos importancia.

Era la época de los gorriones, frágiles y pequeñas golondrinas hoy desaparecidas, que nublaban el cielo con su muda alegría de hermosas piruetas, que atraían a los niños que lanzaban al aire la inútil trampa de un trozo de papel con un orificio amplio y redondo en el medio, ayudados por un pequeño palo, con la inocente ilusión de que el ave en una de sus locas piruetas introdujera la cabeza en él y quedara prisionero precipitándose irremediablemente al suelo; o aquellos días de ensueño cuando las aves migratorias luciendo sus bellos colores hacían vibrar con su algarabía nuestro pedazo de cielo, tras su largo peregrinaje desde la florida, hasta alcanzar nuestro lago Enriquillo y otros humedales de la región.
Época de fuertes remolinos que nublaban de polvo toda la aldea, que arrastraban los cacharros de los patios y hacían volar llevándose lejos la ropa mojada recién tendidas al sol del mediodía, obligando a los mayores a cerrar puertas y ventanas, y a los niños a hacer la santa cruz, cruzando sus dedos índices con sus pulgares, porque según la tradición en el vórtice de aquel fenómeno viajaba un demonio y era obligación del buen cristiano despedirlo oponiéndole la cruz para evitar ser raptados.

Época del “San Lorenzo amarra tus perros y manda el viento” dicho a viva voz en los meses propicios del año, cuando el mango maduraba sus frutos en los cercanos conucos de El Tanque, El Tejar y Las Jabillas, todos apelaban al santo para que con la ayuda de la brisa hiciera caer la preciada fruta de los enormes árboles que muchas veces suplió el pan en los más pobres.
Comentaban los contertulios, que cuando aquella comunidad semi-rural celebraba con apasionada religiosidad las fiestas del santo patrono, sus habitantes experimentaban una sublime transformación, se amenizaban fiestas con la orquesta de San Juan de la Maguana o la orquesta de Azua, esta última llegaba como un obsequio del Presidente Lilís a la sociedad de un pueblo que consideraba amigo. Nos decía nuestro pariente Diógenes Noboa Leyba que los músicos de San Juan antes de irse daban un “pasa día bailable” en casa de doña Justa Peña, casada con un sanjuanero, como muestra de afecto al pueblo y a la familia de su compueblano.
Según los contertulios del “Patio Neibero” los días que duraban los festejos en conmemoración del patrono San Bartolomé eran los mejores y más esperados del calendario, contaban con satisfacción que en cierta ocasión apadrinaron la candidatura de una hermosa joven cuya ascendencia no pertenecía al pueblo, ellos la hicieron reina de las fiestas patronales venciendo a una candidata no menos agraciada, preferida por un sector chauvinista de la juventud que pretendía que ese privilegio debía ostentarlo solo una joven nativa.
Era la época en que los poetas en cierne estrenaban sus mejores poesías en honor a la reina y a su corte, pues es bueno que se sepa que Neiba desde siempre ha sido un pueblo de poetas, tanto así, que “hasta los locos rimaban sus desvaríos”, fue una cualidad que heredamos de los azuanos fundadores llegados en el año 1735 y reforzada por la cantera de maestros y maestras que en el discurrir del tiempo llegaron de allí y de otras latitudes con la palabra alada a flor de labios, la pizarra, la tiza, y ese deseo de superación personal e intelectual que inocularon en la juventud.

Diógenes Noboa Leyba fue un correcto militar, poeta, conocedor de la historia de su región, excelente conversador, que con su comportamiento afianzó el sentido de solidaridad en nuestra familia. Cargaba en su alforja de militar itinerante las remembranzas de su Neiba querida. Cierto día al referirse con orgullo a la evolución de su pueblo nos decía: Quiero que sepas Wilson que los terrenos donde hoy está enclavado el parque Duarte primero fue una propiedad agrícola que se beneficiaba de las aguas que bajaban de la sierra, luego, fue el mercado público, y en la década de los años cuarenta el ayuntamiento del municipio mudó el mercado construyendo en esos terrenos el parque al cual la dictadura le dio el nombre de “Presidente Trujillo.”

Cierto domingo en uno de esos encuentros, como cosa intrascendente, se habló de los locos que pululaban por las escasas y polvorientas calles de la población: “come mangos”, “pancho petaca”, “Calderón,” “perfecto nova…” éste último inmortalizado por Armando Sosa Leyba en uno de sus escritos.
Alguien afirmó que todos nuestros enfermos mentales eran inofensivos. Entonces surgió la voz disidente del anfitrión:
¡Un momento señores!
¿Han olvidado ustedes al loco ilustre? Aquel descendiente de una familia representativa de la comunidad, cuyos ascendientes procedían de Azua, que al empeorar su peligrosidad fue recluido en una habitación y atado a un horcón…Cuando éste solía soltarse todos los habitantes del pueblo, niños viejos y jóvenes huían despavoridos a encerrarse en sus respectivas viviendas. El loco recorría en un santiamén el pequeño pueblo que encontraba desierto…Entonces se detenía y con evidente expresión de disgusto exclamaba:
¡Coño carajo! ¿Por qué me ha tocado vivir en un maldito pueblo de locos? Donde todos viven huyendo o escondidos en sus casas, trancados a “jacha y machete”, huyéndole a un hombre tan serio e inteligente como yo.
Afirmaba mi pariente que ese pobre hombre en sus momentos de tranquila soledad, le afloraban los recuerdos de un amor perdido, y solía declamar así:
No fue sólo una ilusión de un día
Tampoco el fruto de una fugaz pasión
¡Oh, apiádate de mí Leoncia mía!
¡Dueña absoluta de mi corazón!

Otro domingo, recordando algo más reciente, la década de los años cincuenta, se trajo a colación las colonias de españoles de húngaros y japoneses establecidos por Trujillo en la región.
En el municipio de Duvergé se asentaron españoles y húngaros, al municipio de Neiba se llevaron japoneses. Semanalmente un camión del Ejercito Nacional llevaba a la colonia de Duvergé un cargamento de plátanos enviados por el régimen para cooperar con la alimentación de los colonos. Los españoles se encontraban disgustados porque al llegar lo que encontraron defraudó sus expectativas, no era ni sombras de lo que se le había prometido, así lo manifestaban públicamente…Por lo que en una de esos días en que llegaba el ya odiado camión con su carga de plátanos, un colono español se pronunció de esta manera:
¡”Este hijo de puta [refiriéndose a Trujillo] es idéntico a paco [refiriéndose a Francisco Franco] nos ha traído engañados a su país a darnos de comer madera!”.

Duraron poco estos españoles en la colonia, todos abandonaron la región, según se rumoraba algunos volvieron a España, con excepción de unos pocos jóvenes que formaron familias con hermosas muchachas de las comunidades cercanas.









martes, 28 de noviembre de 2017

RAYO DE LUNA
WILSON A. ACOSTA S,

Nada es igual a los rayos de la luna
Que cubren la expansión de mí
calle solitaria

El astro sideral que hace suya la noche
En un instante ha burlado la distancia
Hilvanó con sus hilos, piadoso, una escalera
Para vestir de plata la esperanza…
Silencioso y sereno, más que hermoso
Transparente y ágil se desplaza
Hacia el rincón donde solloza el alma

¿Quién te anunció el motivo de mi pena?
¡!!OH ESPERANZA!!!
Porque yo no he clamado por ti
Aunque he debido suplicar por tu presencia

Con una larga historia de amores resciliados
Vienes llena de luz a conciliar la historia mía
Violas la intimidad de mi refugio
Recorres palmo a palmo mi cuerpo que delira
Soñando una quimera

Alzas con mucho amor mis párpados caídos
Con tu baño de luz secas mis lágrimas
Dejas caer sobre mi húmeda congoja
Cual bálsamo de fe sobre mi fe perdida
Una flor blanca y una rosa roja
21/11/2017

martes, 7 de noviembre de 2017

UN RECUERDO INOLVIDABLE

WILSON A. ACOSTA S.

Ripipín fue mi padre…Y a pesar del tiempo que ha discurrido tras su triste fallecimiento me he empecinado en hablar de él en tiempo presente, como si aún viviera. Extrañamente y aunque el lector no lo crea lo siento a mi lado, solo hubo sensación de separación el día en que mis hermanos y yo venciendo el dolor lo vestimos con uno de mis trajes, en la morgue de una clínica capitalina, y lo acomodamos en la ambulancia en que lo habríamos de traer a nuestro Neiba…

Murió en la madrugada del 13 de marzo del año 1990 al no superar una intervención quirúrgica que se le practico de emergencia… Recuerdo con emoción, que cuando ya en nuestro viaje de regreso pasábamos por la comunidad de Galván, el sol calentando la mañana, nos topamos con una comitiva compuesta por autoridades y delegaciones escolares portando nuestra bandera nacional, que se dirigía desde Neiba a la Fuente del Rodeo lugar donde en esa fecha del año 1844, de acuerdo con los cronistas de nuestra historia, se derramó por primera vez la sangre de los patriotas dominicanos que luchaban por su independencia recién adquirida.

¡Cuántas veces mi padre, buen orador, buen conocedor de nuestras lides libertarias fue el principal disertante en esos actos!


Con orgullo declaro que fue uno de los más admirados conferencistas de la región en la época que le tocó vivir.
Antes de morir me confesó que había vivido lo suficiente
Que se iba satisfecho a sus 83 años… Que nunca pensó que duraría tantos… ¡Un intento fallido de consolarnos ante su inminente partida!

¿RIPIPÍN?

Mi padre, ante mi inquietud por su apodo, me confesó cierto día´ estar muy orgulloso de llevarlo, pues fue su madre que al verlo nacer tan delgado y pequeñito exclamó: ¡pero si es pequeño y delgado, es un Ripipín! Y ese apodo lo identificó para siempre…

¡Ironías del destino! su cadáver se cruzaba aquel día con una alegre y juvenil caravana impregnada de amor patrio que ignoraba que en ese carro fúnebre iba el cadáver de un hombre que por primera vez faltaría a esa cita del civismo.

Mientras tanto mi mente envuelta en confusos recuerdos todavía en estado de shok por la muerte de mi padre revivía aquellos momentos cuando el público de Neiba y de Cambronal tributaba aplausos a sus elocuentes palabras, rememorando la grandeza de Fernando Tavera y sus compañeros, en el más reciente de sus hermosos discursos.

Volví a la realidad en el preciso momento en que alcanzábamos las primeras viviendas de Neiba, fue entonces que con voz entrecortada le pedí al conductor del carro fúnebre que hacía todo el trayecto en silencio:

¡Por favor, al entrar a la población no pongas la sirena!
Neiba nos recibió en la acostumbrada pasividad de su quehacer cotidiano, algunas miradas furtivas caían sobre el extraño carro que traía luto y muerte, lágrimas y dolor a nuestra familia…

Yo admiré y admiro mucho a ese ser humano que se llamó Manuel Arturo Acosta Sierra y me colmo de vanidad oír a quienes lo conocieron en intimidad, cuando me dicen: ¡Wilson eres muy parecido a tu padre!
Mi Blok en honor a su memoria lleva su nombre, pero, el nombre que le dio su madre al nacer, con el que fue conocido por la universalidad de los neiberos y habitantes de zonas aledañas:RIPIPÍN.


jueves, 19 de octubre de 2017


PARECE MENTIRA

Wilson A. Acosta S.
“Y siempre ha sucedido que el amor no conoce
sus propias profundidades hasta la hora de la
separación”
Gibran Jalil Gibran

Después de la partida de mi hijo
Siento la voz querida de ni padre que susurra
-Al verme tan maltrecho y tan herido-
Monsergas a mi oído…
Lo siento en mi pulso Y en mi sangre
Lo siento cabalgar todas las noches
En los tristes caminos de mis sueños
Dando aliento a la rosa con su aliento
Consolando los múltiples recuerdos
Que fluyen sin control
Tu hijo va conmigo – me confiesa-
Y me lo muestra tan alegre y sano
Sobre sus alas blancas refulgentes
Asido a sus brazos y a su alma
Cual medalla de luz colgada de su frente.
Aferrado a su nieto en un vuelo de amor
¡ sin amarguras!

Es que mi padre es un Ángel… y
cuando mis lágrimas derramo incontenidas
Me mira, y al mirarme me declara conmovido
Con su voz sosegada:
Hijo mío, la vida no termina… Pues,
ese misterio que llamamos muerte
Es un parto de luz hacia lo eterno
Que es preciso sufrir para seguir viviendo!


De repente mi corazón despierta, y sus rosas
silentes y dolidas
Animadas por sus mágicas palabras
recobran su color…
¡Oh papá, eres mi Ángel! Desde la
inmensidad del cielo con tu carga de amor
calmas mi duelo
Y consuelas mi íntimo dolor.



viernes, 14 de julio de 2017

BALAGUER, NEIBA Y LA VENDA TRANSPARENTE

Wilson A. Acosta S.

Joaquín Balaguer fue parte de aquella camada de intelectuales que generacionalmente les tocó vivir a unos y protagonizar a otros los acontecimientos que dieron un violento término al gobierno de Horacio Vásquez. Afrontar las turbulencias políticas que surgieron como secuela del hecho consumado. Luego de que Horacio ya anciano y enfermo, se empecinara, primero, en prolongar de forma inconstitucional el período presidencial de cuatro años, para el que fue electo por el pueblo al término de la ocupación extranjera en los comicios del año 1924, a seis años. Segundo, apoyado por el interés de los corruptos de siempre, cegado por su propia cultura caudillista, no obstante las múltiples advertencias de sectores cívicos y democráticos que preveían los trágicos sucesos que acarrearía esa absurda y tozuda decisión de apegarse al mando de tal manera, que su empecinamiento en optar por la reelección habría de rebozar la copa. Fue una locura entre sus partidarios. Ante el clamor cívico de los constitucionalistas: “HORACIO O QUE ENTRE EL MAR,” fue la respuesta a esa advertencia…

El malestar creado por tan infausta decisión recorrió todo el espectro social de la vida nacional, despertando las ideas levantiscas acalladas por el gobierno de la intervención yanqui. El malestar surgió entre sus propios partidarios y aliados. La conspiración en contra de la reelección tomó cuerpo en La provincia de Santiago encabezada por Rafael Estrella Ureña, Joven, inteligente, capaz, pero bisoño en las lides de la política vernácula, influyente en la región más rica y desarrollada del país. No hay lugar a dudas, el Cibao era el motor tanto en la economía como en el aspecto social y político de la nación.

En la capital de la república respaldaba el movimiento un astuto y ambicioso general que poseía sus planes particulares, planes que había pensado y madurado con antelación; contaba con el apoyo de la mayoría de sus compañeros militares y una gran cantidad de amigos, políticos, aventureros e intelectuales, que en todo el país le seguían ciegamente. Y mucho más aún, había sido instruido para mandar con manos de hierro, por el cuerpo de marines norteamericano que gobernó por espacio de ocho años la nación. Él era un marine y se enorgullecía de ello.

Balaguer en plena juventud daba sus primeros pasos en favor de las candidaturas emergentes de Rafael Trujillo y Rafael Estrella Ureña.
Todos sabemos cómo terminó la historia…Trujillo se apoderó del poder eliminó contrarios e instauró una dictadura que duró treinta y un años.

Este hombre de armas se rodeó de la élite intelectual del momento, escritores, historiadores, músicos, poetas, políticos, como lo eran Manuel A. Peña Batlle, Américo Lugo, Arturo Logroño, Ramón Emilio Jiménez, Julio Cesar Ortega Frier, Rafael Bonelli, Alberto Fond Bernard, y Tatico Henríquez, Ñico Lora, autores de merengues laudatorios a su figura que inundaron el territorio nacional, y el joven Joaquín Balaguer entre otros no menos conspicuos dominicanos. Aquellos que se le opusieron fueron sus víctimas. Muchos como Juan Bosch y Juan Isidro Jiménez Grullón prefirieron el exilio.

Realmente, Balaguer fue entre aquellos servidores públicos de prestancia el menos conocido por el pueblo. No obstante haber desempeñado en el régimen importantes funciones públicas, se empeñó siempre en pasar desapercibido, quizás adivinando o preparando el papel estelar que años después le tenía reservado el destino tras la muerte del dictador. Para el año de 1961 a la desaparición del régimen se desempeñaba como presidente de la república designado por la voluntad omnímoda del jefe ya en decadencia. A él le tocó desde la presidencia y también desde el exilio convertirse en una de las pieza clave de la apertura hacia el ensayo de democracia que hoy disfrutamos.

Nunca olvidaré, siendo yo un niño, en una mañana del año 1951 ó 1952 desempeñándose este como Secretario de Estado de Educación Bellas Artes y Cultos Y mi padre a la sazón Síndico Municipal de Neiba, vi a este hombre pequeño de estatura, de rostro inexpresivo con un sombrero gris bien ajustado a la cabeza, un traje del mismo color, bajar de un automóvil negro conducido por un militar frente al palacio consistorial…Después del saludo de rigor, Balaguer dijo a mi padre que lo recibía: Señor Síndico, he venido a observar el solar que el Ayuntamiento ha escogido para la construcción del edificio que dará albergue a la escuela primaria e intermedia de la ciudad.

Ya en el trayecto hacia la ubicación del solar, ante la insistencia de mi padre, Balaguer le comentó lo siguiente: Le agradezco las atenciones que me ofrece, pero me regreso a la capital inmediatamente cumpla mi misión. Eso sí, enfatizó, asegúrese de que las familias que serán desalojadas sean justamente indemnizadas por el Cabildo…Ya todo ese asunto está resuelto, contestó mi padre. Recuerdo que mi padre al llegar al hogar comentó impresionado en varias ocasiones a mi madre la conducta sobria, distante, aunque cortés del Secretario de Estado.

Pasado el tiempo, décadas después de este acontecimiento discurría el último gobierno de Joaquín Balaguer, su último periodo que le fue mutilado en dos años, acción provocada por la indignación y la protesta de la oposición que denunció al mundo el fraude cometido en las elecciones. Era uno de esos domingos en que solíamos realizar tertulias la familia que vivíamos en la capital, hermanos, sobrinos, primos y amigos; ésta reunión a la que aludo, se desarrollaba en la residencia de nuestro tío Arturo Sosa Leyba…
Tras las anécdotas y las viejas historias pueblerinas surgió un tema sobre los escritores y poetas dominicanos, se hizo énfasis en aquellos bardos que dedicaron poemas a sus lares nativos, a sus héroes, sus paisajes naturales y a sus mujeres. Mi tío en medio de la conversación me dio una mirada inquisitiva y me lanzó a “Boca de Jarro” la sugerente interrogante: Oye, mi sobrino ¿será cierto que Balaguer dedicó un poema a una joven de Neiba?

Él tenía la seguridad de la certeza de su pregunta, pero con ella introducía un tema que le apasionaba, nunca escatimó un momento para criticar los gobiernos balagueristas y lo hacía a todo pulmón…. Fue un furibundo admirador de Juan Bosch.

De inmediato recordé que yo poseía un ejemplar de ° LA VENDA TRANSPARENTE° obra de Balaguer que recoge todos o casi todos sus poemas, por lo que le prometí a mi tío buscar entre sus páginas el poema en cuestión a pesar de que ya yo había leído gran parte de su contenido y había manoseado un poco el resto.
Una tarde me dispuse libro en manos a desentrañar el misterio, a confirmar o desmentir aquel reto que mi querido tío me lanzó con la intención manifiesta en el tono de su voz y en la expresión de su rostro, de ponerme a investigar algo que él ya sabía.

Y ¡oh sorpresa! Al cabo de un rato de búsqueda, en la página 76 de la obra, página que había yo visto ya un par de veces, en letras minúsculas, tan minúsculas que me dio la impresión de que fueron escritas con la aparente intención de que no fueran advertidas con facilidad, bajo el título del poema: °ROSA SILVESTRE° encontré y leí emocionado la dedicatoria: [A una niña de Neiba]…No sé porque me tomó la idea de que muy pocos neiberos conocían ese hermoso poema que la inspiración de este hombre de letras, tan lejano a nosotros puesto que era santiaguero, dedicó a una flor campesina de nuestro olvidado y querido pueblo enclavado en el territorio sur de la república.

.Ahora bien, he de rectificar en algo, si alguien había descubierto antes entre las 196 páginas de aquel libro de poemas que Balaguer dedicó a su hermana Carmen Celia esas diminutas letras de dedicatoria a una niña de neiba, a mí, se los juro, fue la inteligente pregunta de mi tío la que me indujo a encontrarlas.

El papel que jugó este hombre de Estado como intelectual y político en la vida de nuestro país comprende más de la mitad del siglo pasado hasta principios del presente siglo en que falleció.
Le tocó ocupar la presidencia de la república en varias ocasiones casi todas de manera consecutivas. Fue un gran estadista, un líder popular y una de las inteligencias más preclaras que ha parido la nación dominicana. No ahondamos en este tema por lo reciente de su ejercicio, por lo complicados y traumáticos de los hechos que incidieron en sus mandatos, que lo llevo a realizar dos etapas completamente distintas de gobierno. Pienso que ese juicio mío pecaría de apasionado en cualquiera de las dos vertientes que lo haga.

Por lo que el objeto último de estas letras tiene el único fin de hacer notar, e invitar a la vez a los neiberos amantes de la rima, a la lectura de este hermoso poema que una quinceañera de Neiba inspiró al poeta que vivió en el alma de Joaquín Balaguer.