martes, 8 de noviembre de 2016


EL TORNADO

Un cuento de:
Wilson A. Acosta S.



De tanto trajinar por aquel lugar que hasta hacia poco tiempo era una tranquila ruralidad,
Roberto, sin proponérselo, se hundió en la complicada maraña de sus tristes y lejanos recuerdos.
Se hallaba solo, sentado sobre el tronco de un árbol recién caído, de los que el lago fue
dejando tirados por el amplio camino en su recorrido inusual de aquellos días locos, cuando
sus aguas amargas, sublevadas, en clara rebelión, casi envenenaron toda la tierra,
arrasando y destrozando las viviendas y los conucos de BOCA DE CACHON….
Ya vencido, Roberto decidió hacer un alto en el camino.

Había salido de muy madrugadita a sabanear sus animales extraviados tras la pausa del cruel
avance de esas aguas que lenta pero inexorablemente también amenazaron con borrar los pequeños
poblados aledaños enclavados en la geografía de la provincia Independencia.

Obligándolos a huir, quedando las familias a la intemperie abandonándolo todo.
Triste drama que forzó al gobierno de la república a iniciar más al norte, lejos del área de peligro,
un proyecto habitacional donde establecer las familias castigadas por el fenómeno.
A pesar de los ruegos de su mujer para que abandonara esa búsqueda considerada por ella inútil,
además de peligrosa, Roberto se empeñó en dar un último esfuerzo, soñando que quizás una buena alma del lugar había retenido sus animales en espera del dueño ¡Porque así de solidarios en la desgracia
suelen ser la mayoría de los hombres de estas comunidades!…

Su mirada se perdía en la extensa playa ya invadida totalmente por las aguas.
Estas desde hacía un tiempo, provocaban el pánico en los habitantes que contemplaban indefensos cómo desaparecía la vida y se transformaba el paisaje, tragado poco a poco por las fauces insaciables
de nuestro hermoso mar interior.
Ya el día se le venía encima, había perdido la noción del tiempo, no obstante, nuestro hombre,
aun persistía en su inútil empresa. Confundido, empujado por ese mundo de carencias y de pobreza
propias de sociedades olvidadas puestas al margen del progreso, condenados por la injusticia de los que mandan y por la abulia e indiferencia de los que deberían exigir justamente sus derechos.

Cuando Roberto comenzó a escuchar un ruido infernal que parecía salir de las entrañas de la tierra
y sintió un calor abrazador que le quemaba el cuerpo, corrió aterrorizado, yéndose a refugiar
en el interior de las ruinas de una vivienda abandonada, de aquellas que apenas quedaban en pie
después de la tragedia…
El sueño y el cansancio lo vencieron y transcurrieron las horas…

Roberto despertó al día siguiente en su hogar rodeado de su angustiada familia,
rescatado tras una intensa y desesperada búsqueda.
Con una expresión de espanto y de incredulidad en la mirada, comenzó a narrar una fantástica
e increíble historia, pero que para él era muy real…

Por eso, la hilvanaba muy despacio, precavido, sin omitir detalles, observando el rostro
de aquellos que le oían, masticando las palabras, en busca de algún gesto de incredulidad,
temeroso de que sus gentes creyeran que él alucinaba, que había perdido la cordura,
o que la mala hora del día de ayer que lo tomó en la playa del Lago cuando yacía oculto entre
los restos de un bohío abandonado, además de borrarle la conciencia pudo haberle borrado la razón.

Les decía:
Yo me hallaba sentado a orillas del camino sobre un árbol caído, absorto
en las profundidades de mis pensamientos, frustrado por haber perdido la esperanza
de hallar mis animales, cuando de repente, un extraño sonido que parecía salir de las profundidades
de la tierra me trae a la realidad.
Enormes nubarrones se esparcen por el cielo y el día comienza a obscurecer como si fuera de noche,
grandes granizos descienden de las alturas y se aglomeran golpeando sobre la tierra húmeda,
una inmensa lluvia cae furiosa como si Dios abriera todas las compuertas del cielo para ahogar
la humanidad…

Entonces al dirigir la mirada hacia el Lago, entre una sucesión de truenos y relámpagos,
contemplo dos enormes figuras semejantes a dos tubos grises muy anchos que se elevan desde
la superficie del lago hasta conectarse con las nubes…
Corrí desesperado, y me interné en las ruinas de aquel bohío...
Esa visión es lo último que recuerdo antes de que mi conciencia se desvaneciera
agredida severamente por el terror que se adueñó de mí.

Roberto calla, y tras un momento de expectación espera con inquietud la reacción de aquellos
que le oían… casi sentía sobre si la burla como respuesta a su increíble historia…
De repente ve, por la puerta abierta que comunica su habitación con el patio de la casa,
tres animales dentro del corral paciendo tranquilamente…

Se dibuja una interrogante en su rostro:
Son tus vacas Roberto, le explica con ternura su mujer adivinando su confusión,
estaban amarradas al tronco caído de un árbol cuando te hallamos inconsciente en la playa…
¡Aja! contesta el pobre hombre con la voz entre cortada
¿Las perdonó igual que a mí la mala hora? ¿Las vomitó el demonio que ayer vino a tragarse el Lago?

Ese día amaneció la página de FACE BOOK en el internet y la prensa digital, difundiendo
la noticia del extraño fenómeno que conmocionó a los habitantes de toda la provincia independencia…
Mientras Roberto, recluido en el patio de su casa seguía dando gracias a Dios por el milagro de su
vida y de la aparición de sus reses, pues aún no se reponía de aquella trágica aventura vivida
a orillas del Lago Enriquillo, cuando inocentemente creyó que solo él había sido testigo de esa
increíble y diabólica aparición…
¡De la que me salvé! decía para sí, con la triste mirada fija en el cielo.

Su amigo Pedro que lo observaba con curiosidad desde lejos, lo llama a voces
y le explica:
¡Oyeee amigo Roberto, dice la noticia, que el
demonio que viste ayer en la playa del Lago se llama TORNADO!…

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