sábado, 8 de marzo de 2014

BREVE POEMA
WILSON A. ACOSTA S.

Mi alma sola, huye
A la grima de la media noche
Porque la obscuridad pare fantasmas
Y estos hieren con picas sus pupilas

Seres fosforescentes embriagados de luz
Trasnochados en la burbuja sideral
Muerden la soledad y violan su secreto
Por eso mi alma huye
A la grima de la media noche
Refugiándose en los colores de la tarde

Yo amo con pasión las apacibles tardes
Cuando me sueño en ellas
Me aferro al rubor
De todos tus recuerdos
Mis tardes guardan el calor de tu pecho
Están llenas de tu aroma
Su claro obscuro colma mi continente
No necesito palabras para hablarte
Me basta solo con pensar en tí

Las estrellas son pedazos de cielo
Brasas del fogón de dioses desconocidos
Mensajeras de mitos
Portadoras de memorias sin tiempo
Que hacen guiños a la noche de la tierra
No me interesan sus viejos relatos

Yo prefiero el amor de las tardes
Que traen consigo el perfume de tu pelo
El húmedo recuerdo de tus besos
Y la fragancia eterna de tu aliento
Susurrando la melodía de tu nombre
6/3/2014

jueves, 23 de enero de 2014

SUEÑOS INSEPULTOS
Wilson A. Acosta S.

Hermano, No me mires
Con esos ojos húmedos
Tomados por el llanto
Y la tristeza

Sé muy bien que tus lágrimas
Nacieron del dolor
Que te causó la muerte de la rosa



Quiero que apartes de mí esa mirada…
¡Porque esa húmeda huella en tus ojos
Me toca el corazón y lo hace trizas!
Tus brazos y tus manos extendidos
Cual alas de un pájaro errabundo
Perdido entre las nubes del invierno
Tienen ansias de vida entre sus dedos

Traes gravadas de tu lejano ayer
Promesas denegadas y viejas añoranzas
En tus carnes desnudas…sobre tu alma rota

Hermano no llores sobre mí
Con ese llanto de rio desbordado
Ahíto de sueños incumplidos
Perdidos en los angostos caminos
Que un día transitaste en soledad

¿Abra un dolor tan fuerte como aquel
Que se adueñó de tus insomnes noches?
Te sientes infeliz, me dices entre lágrimas
Cuando la lluvia cae y tu dolor desliza
Tras las gotas que corren inocentes
Sobre el gris plomizo de la calle larga
Que tu pena desanda

Y te obligas a soñar sueños ajenos
Para huir de la horrible pesadilla
Que te provocan esos sueños tuyos
Que en mí reviven sueños insepultos…

Es por eso hermano que te pido
Que no marchites mi alma
Con tu mirada triste y derrotada

De tus ojos, seca la inútil lágrima
Y dame ¡Por Dios! una sonrisa
Es que el dolor solo desaparece
Cuando se va la vida.

Aparta pues de un tirón esa locura
Que la taimada lluvia puso adrede
Sobre la calle larga de tu desventura
Recuerda que el dolor ha de partir de tí
Sin demoras, solo en tiempo preciso

Cuando cierres tus ojos para siempre
No quedará ni un rastro del recuerdo
De la agonía de tu débil rosa…

martes, 7 de enero de 2014

LA MIGRACIÓN HAITIANA EN LA PREPÚBLICA DOMINICANA
LEY DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL 168/13
Wilson A. Acosta S.



La migración es un fenómeno social con carácter universal para el que no existe solución radical o definitiva. Es por eso, que en el discurrir de la historia de esta expresión social humana, los países afectados por esa permanente corriente migratoria han optado por crear instituciones que reglamenten el fenómeno, para evitar el desbalance que pueda provocar a sus economías, al orden público, a sus identidades culturales y nacionales, para que no desborden sus presupuestos, para que no suplanten al trabajador local ofreciendo mano de obra barata, para que no se instalen en sus territorios sin ninguna clase de regulación o régimen legal.


. Los países desarrollados, lo mismo que aquellos con algún grado de progreso en el camino hacia el desarrollo social y económico, viven permanentemente revisando y poniendo mayores restricciones a sus normas internas, a los fines de desalentar esa migración no deseada, encarando y manejándose a la vez con el sentimiento universal de la solidaridad humana ante el triste drama de estos refugiados. Los africanos huyen del hambre y de la miseria hacia los países ricos de Europa. Los norteamericanos construyen un muro de contención con la intención de frenar el torrente migratorio que les llega desde de los países de Centro y Sur América, del Caribe y el mismo México.


Es de justicia consignar que la migración ha jugado y juega papeles estelares en la economía en el progreso y en la expansión de la civilización de la sociedad humana. Eso sucede así cuando esa migración es limitada, ordenada y cualificada; pero, resultar todo lo contrario cuando esta consiste en la invasión de una masa humana ignara, sub-desarrollada, que amenace sociedades establecidas, desconociendo sus leyes y sus instituciones, negándose asumir el orden debido, poniendo en peligro por su volumen, en algunos casos, la estabilidad y la existencia misma del Estado de la Nación receptora.


Nuestro país afronta un grave problema, compartimos una pequeña isla con una nación que está asistiendo a un proceso de desaparición de sus instituciones. Es un Estado que ha colapsado, razón por lo que una fuerza militar internacional, creada al efecto, mantiene un aparente y precario orden público permanentemente amenazado. La miseria, el desamparo se apodera de esa población de unos diez millones de habitantes que en su comprensible búsqueda de mejoría, cuenta con la vía expedita de la frontera común para instalarse impunemente en territorio dominicano. Gran parte de estos inmigrantes ilegales lograron hacerse de la nacionalidad dominicana de manera irregular, claro está, en complicidad con intereses de sectores de ambos pueblos, que han degradado el ejercicio moral y ético de las instituciones en perjuicio de nuestra soberanía y de nuestro futuro inmediato como entidad libre e independiente, amparados en la falta de un reglamento legal que rija, corrija y sancione la violaciones flagrantes a las leyes migratorias.


Desde la constitución del 1844 la República Dominicana ha definido con claridad todos los asuntos que conciernen a la nacionalidad, consignando en ellas
los requisitos que debe llenar un extranjero para adquirirla o para permanecer legalmente en el país. A pesar de que en todas nuestras Constituciones no ha estado implícita la figura definitoria de los inmigrantes y su condición o estado de legales unos, e ilegales otros, estas siempre han referido y definido el status del “extranjero residente”.


A partir del año 1934 hasta el 2002 nuestra Carta Magna a explicitado el tema del significado de “extranjeros en tránsito” sin incluir la figura de “Extranjero Ilegal,” la del 2002 sí la incluye en su artículo 11 numeral 1 de la siguiente manera; son dominicanos: “Todas las personas que nacieren en el territorio de la república con excepción de los hijos legítimos de los extranjeros residentes en el país en representación diplomática o los que están en tránsito”.


Pero, no es menos cierto que con anterioridad la constitución del año 1929 había decidido que “no son dominicanos las personas hijas de extranjeros en tránsito en el territorio nacional”.
En el año 2005 nuestra Suprema Corte de Justicia frente a la demanda de hijos de extranjeros ilegales nacidos en nuestro país, que reclamaban la nacionalidad dominicana apoyados en el “Jus Soli”, se pronunció mediante una sentencia concluyendo de la siguiente manera: “Si los nacidos de padres ”legalmente en tránsito” quedan excluidos de la adquisición automática de la nacionalidad, los hijos de aquellos que no puedan justificar su entrada legal o estadía en el país no pueden beneficiarse de un derecho mayor”.


Por último la Constitución proclamada el 26 de enero del 2010 en su artículo 18 numeral 3 expone con claridad y lógica, en consonancia con lo decidido por la sentencia de la S.C.J. en el año 2005, “que los hijos de extranjeros que residan ilegalmente en nuestro territorio no son dominicanos”.

¿Cómo es posible que alguien se empeñe en exigir como derecho legítimamente adquirido aquel derecho que tiene su origen en una violación a la Constitución y las Leyes?

¿No es un principio universal de Derecho aquel que dice que un acto ilegal no es generador de derechos?” Nadie puede exigir derechos poniendo como fundamento o prevaleciéndose de su propio error.

Además, es la misma constitución haitiana la que reclama a sus nacionales donde quiera que estén y donde quiera que nazcan cuando en su artículo 9 dice lo siguiente: “Los hijos de haitianos donde quiera que nazcan son nacionales haitianos por el “Jus Sanguini”

Esa disposición de la constitución haitiana desmiente la afirmación de aquellos que adversan la sentencia del T.C.168/13 evacuada el 25 de septiembre del año 2013, cuando dicen que la aplicación de esta deja sin Patria a decenas de miles de descendientes de haitianos nacidos en el país.


El asunto referido a la nacionalidad y a la regulación migratoria mediante el consabido reglamento pudo haber sido aclarado y resuelto desde años atrás; la ley de migración fue promulgada en el 2004 y ella ordenaba que el reglamento de la misma debiera de estar vigente para el 2005, pero fue a los 6 años y nueve meses que esto se resolvió mediante Decreto del Poder Ejecutivo.

Es bien sabido que es prerrogativa exclusiva de todos los Estados en los diferentes países del mundo crear las reglas que definan en sus constituciones la nacionalidad; por tanto, en principio, esta cuestión jurídica es tema exclusivo de las normas del Derecho interno de cada nación y solo podría intervenir el Derecho Internacional cuando la norma interna riña con el reconocimiento y respeto que se atribuyen a los Derechos Humanos consagrados en los Tratados Internacionales.

El fallo del T.C. sentencia 168/13 no ordena deportaciones masivas, al contrario, establece que las personas afectadas se mantengan protegidas por un plazo de dos años hasta que sus estatus en el país sean objeto de regularización de acuerdo con el reglamento a aplicar; y, para aquellos hijos de extranjeros ilegales que han exhibido de manera irregular la nacionalidad dominicana recomienda que se implemente un procedimiento en tiempo records, que esté acorde con nuestro ordenamiento jurídico para que estos adquieran la nacionalidad sin que se violen las disposiciones constitucionales y legales y por tanto se mantenga el imperio de la decisión del T.C...’¿Dónde, pues, reside “la violación de los derechos fundamentales a decenas de miles de descendientes de ilegales haitianos nacidos en nuestro país”?


Es innegable que todos los países que se han abocado a construir nuevas reglas para regularizar delimitar y restringir el status de los inmigrantes ilegales o modificar y crear clausulas para aplicarlas a los residentes legales, han encontrado sectores interesados que se resisten a esos cambios. Ahora bien, es importante que sepamos que de 194 naciones que conforman el conglomerado mundial 160, o sea, una inmensa mayoría, no conceden ciudadanía automática a los hijos de inmigrantes ilegales (incluyendo nuestro país); ningún Estado europeo consiente ese beneficio y solo los EEUU y Canadá del conjunto de las economías más avanzadas de la tierra, dan esa prerrogativa; siendo muy posible, que ambas naciones ( EEUU y CANADÁ) estén contemplando la idea de irradiar de sus legislaciones esa concesión, pues, es de general conocimiento, que la tendencia de hoy día en el mundo es la de no reconocer ciudadanía por nacimiento (JUS SOLI). (Estos datos fueron tomados del Centro para Estudio de la INMIGRACIÓN, con sede en Washington EEUU.)


El país dominicano enfrenta en estos momentos una peligrosa situación internacional causada por el ejercicio de un acto de soberanía que resulta de un derecho inmanente y absoluto que le asiste, en razón de emanar de un órgano superior constitucional de la República, que es libre y soberana.


La aludida sentencia del Tribunal Constitucional 168/13, que dicta medidas definitivas para resolver el problema de la inmigración que nos arropa con características de invasión, ha sido desnaturalizada o mal interpretada en su contexto por el gobierno de Haití y por países y organismos internacionales que le apoyan en su disgusto, sin detenerse a analizar la justeza y la legalidad que la fundamenta. De forma irracional la enjuician condenándola, exigiendo su anulación sin antes discernir su legítimo contenido, olvidando a lo mejor intencionalmente que las sentencias que evacua el T.C. tienen un carácter definitivo.
Esta ola de respaldo a Haití ha llevado al presidente de Venezuela en un momento de emoción, no apto para un mandatario que se vende como mediador en el conflicto, dirigir una increíble amenaza a nuestro país, pues en alusión al actual diferendo en un momento de sus declaraciones dijo que, “El que se mete con Haití se mete con Venezuela”.


Al pronunciarse de manera tan irreflexiva el presidente de Venezuela olvidó que Haití y la República Dominicana son dos soberanías que comparten una pequeña isla, por lo que se debe en este grave momento buscar la paz y el entendimiento entre estas dos naciones hermanas, confundidas en una querella jurídica que ha tomado ribetes internacionales, naciones que para colmo, poseen cultura e idioma distintos, con una historia común de guerras y odios felizmente superados, pues fue de ellos que nos independizamos a fuerza de grandes sacrificios en el año 1844; y no es de justicia, que ofensas innecesarias pongan en alerta el sentimiento nacional.


Resulta que países que atacan sin compasión la sentencia 168/13, catalogándola de xenófoba y violadora de derechos humanos fundamentales, son los mismos que huyen a la migración haitiana como el diablo a la cruz, que no permiten a sus débiles embarcaciones acercarse a sus costas, devolviéndolas, frustrandoles el vano intento de dejar atrás el infierno que viven en su país de origen.


En España la legislación migratoria es sin lugar a dudas la más condescendiente de toda Europa, sin embargo, toda persona que entre de manera ilegal a ese país será pasible de ser deportado, puesto que allí, el gobierno tiene la obligación de mantener una política de protección en sus fronteras contra la inmigración ilegal. En cuanto a la oferta de empleos a la demanda laboral extranjera, la legislación de ese país trata de establecer una relación de equilibrio, con el propósito, de que las ofertas sean requeridas antes de la aprobación legal de los permisos y residencias laborales que se librarían a extranjeros.

En una información servida por el Listín Diario de fecha 3 de enero del 2014 se dan los siguientes datos: Los EEUU deportó a 3,414 ciudadanos dominicanos en el año 2013 y en el año 2012 la cifra de las deportaciones alcanzó la cifra de 3,245 dominicanos.

Es a la implementación de una política migratoria similar a la de estos países que debemos aspirar todos los buenos dominicanos amantes de la independencia, el progreso y la soberanía de nuestro país…

Los conflictos de hoy y los que puedan surgir en el futuro entre la República de Haití y la República Dominicana tendrán que ser resueltos siempre con el dialogo civilizado y el consenso. Por encima de toda voluntad nacional o extranjera, la sentencia 168/13 es un acto de soberanía emanado del más alto Tribunal Constitucional que debe ser respetado por todos, decisión que, en última instancia solo podría ser revisada por ese mismo órgano constitucional que la evacuó. Ese es un punto que no debe admitir discusión.

lunes, 2 de diciembre de 2013

HAITÍ: UN VECINO INGRATO. (2DA PARTE)
Wilson A. Acosta S.

No es necesario ser imparcial y avezado observador para poder arribar a la conclusión de que nuestro país, a partir del affaire que ha provocado la reciente sentencia del Tribunal Constitucional que rechaza el recurso de amparo interpuesto por Juliana Deguis en reclamación de la nacionalidad dominicana, está siendo hábilmente provocado por sectores que con su agenda particular actúan dentro y fuera del territorio nacional, manejando planes claramente lesivos a nuestra soberanía e independencia.

Ahora se parapetan tras una supina interpretación de esa sentencia, para escandalizar con la mentira a la opinión internacional, difundiendo un supuesto genocidio civil perpetrado en contra de dominicanos de ascendencia haitiana, de deportaciones masivas de inmigrantes ilegales hacia Haití desde nuestra nación, de linchamientos y asesinatos, cuya veracidad no resiste el más mínimo intento de investigación in sito.

Es que la autoridad competente ha decidido, aparentemente con suma seriedad, asumir el problema de la migración en nuestro territorio, disponiendo un reglamento que la regule, y por consecuencia, aplicar el mandato del artículo 18 de nuestra constitución a todas aquellas personas que pretendan la nacionalidad dominicana.

Ni la constitución ni las Leyes del país dispone en contra de los sagrados derechos humanos, muy por el contrario, somos como el que más respetuosos signatarios de todas las conquistas que el derecho internacional ha logrado en relación con la materia.

Además, es imposible admitir que un país como el nuestro, cuyos ciudadanos emigrantes han sido víctimas de tantas vejaciones en el exterior, con su territorio varias veces hollado por intervenciones militares en todo el curso de su historia, sea capaz, de desconsiderar a un vecino que en las últimas décadas ha vivido bajo el cobijo de nuestra amistad, cooperación y ayuda.

Ahora bien, se hace ineludible e inaplazable la reglamentación legal para esa inmensa masa de extranjeros que nos invade, que se torna cada día más numerosa, pues nuestros vecinos mantienen un flujo constante de ingreso al país, un buen porcentaje de ellos instalándose de manera permanente, sin que exista un reglamento u autoridad que los rija, tal como se estila en todos los países del mundo civilizado.

Es cierto que muchos países, entre los que se hallan “los más grandes defensores de los derechos humanos”, tienen leyes severísimas que reglamentan el tema en cuestión. Por ejemplo, los dominicanos vemos con frecuencia como llegan vuelos aéreos repletos de nacionales, deportados del territorio de los Estados Unidos.

Solo en el presente año 2013 se deportó a 1293 dominicanos; de estos, 690 cometieron delitos menores o violaron las leyes de migración.

Por la prensa nos enteramos cada día, del endurecimiento de las disposiciones legales en los países europeos en contra de los inmigrantes ilegales y de las medidas de regulación para los legales.

Haroldo Dilla Alfonso, en su estudio “La migración histórica en el Caribe: Una propuesta para la acción” publicado por el Centro Bonó, citó el caso de Bahamas, donde viven según su versión más de 60,000 haitianos, en cuya cita expresa que: En esa nación se exige para optar por la residencia una serie de requisitos difíciles de cumplir por migrantes pobres.

“La situación de los migrantes haitianos en los países del Caribe es similar a la que se vive en República Dominicana en el sentido de que tampoco hay legislaciones claras que les permitan incorporarse a estas sociedades como residentes, y eventualmente como ciudadanos”.


El diferendo que ha enfrentado en nuestro país distintas opiniones, la del país vecino y las de dos sectores de nuestra sociedad, justamente tiene su origen en la parte del fallo del T.C. que dispuso que Juliana Deguis Pierre una joven mujer de padres haitianos nacida en nuestro territorio no puede ser declarada dominicana puesto que nació de padres haitianos, en condiciones de extranjeros en tránsito o ilegales en nuestro territorio. Esta sentencia como es natural abarca a todas las personas que se encuentren a la fecha y para el futuro, en la misma situación de la joven Juliana Deguis Pierre.

Esa disposición del T.C. que representa, sin lugar a dudas, el punto nodal de este diferendo se ha tornado actualmente en un escándalo internacional, que coloca a la república dominicana en una delicada posición ante los ojos del mundo que ahora nos ve como flagrantes violadores de los derechos humanos.


A pesar de todo este barullo, hemos Comenzado a oír voces sensatas, jurídicamente autorizadas, que nos dicen que el plan oficial de regulación que manda la sentencia del T. C. es correcto. Solo discuten la inclusión de los hijos de estos extranjeros nacido aquí, porque según sus argumentos a estos les pertenece de pleno derecho la nacionalidad dominicana.

Fundamentando esta tesis en la afirmación de que, para el caso, se aplica únicamente el numeral 2 del artículo 18 de la constitución dominicana, excluyendo así el concepto que emite el numeral 3 del mismo artículo al respecto.

Si es que solo a esto se reduce el problema, y comprobado el infundio contra el país, de deportaciones, agresiones y supuestos asesinatos cometidos por los dominicanos en contra de los haitianos residentes, nos preguntamos: Qué cosa habrá de discutir el gobierno dominicano con el gobierno haitiano ¿ La sentencia evacuada por el Tribunal Constitucional? ¿El legajo de reglas que reglamentará a los migrantes dentro del territorio nacional? ¿No es ese tema de incumbencia irrestricta y soberana de este país?

Si la sentencia evacuada por el T.C. a violado o mal interpretó en alguna de sus disposiciones el espíritu del artículo 18 de nuestra constitución, es precisamente a ese Tribunal a quien le ha de tocar la búsqueda de la solución a ese conflicto. O en su defecto, la Comisión designada mediante Decreto por el poder ejecutivo para la elaboración del reglamento, podría enmendar el entuerto si fuere de su competencia.

Si se comprobase que se está violando los derechos establecidos en La Declaración Universal de los Derechos Humanos en contra de uno o de muchos supuestos dominicanos o de inmigrantes haitianos, entonces que se busque la solución apropiada, solución a favor de la que se han pronunciado todos los sectores sensatos de la nación, a la que hace alusión el nuevo Nuncio de su Santidad, cuando declaró a la prensa nacional lo siguiente”: “Deseamos el diálogo entre ambas partes y al mismo tiempo que se pueda buscar una solución humana, además de la sentencia, una solución humana.”


Claro está, como expresé en mi anterior artículo, “Nuestro Estado posee todos los recursos, tanto en el orden político como en el orden jurídico para hacerlo”. Estamos convencidos de que no necesitamos de asesoría o tutelaje internacional.


Es justo que se permita al país ejercer el derecho a organizar y modernizar sus instituciones, como a la vez es necesario también, que este derecho no colida, o exceda, con lo que manda LA CONSTITUCIÓN los derechos humanos y los acuerdos y convenciones internacionales ratificados por el CONGRESO NACIONAL
Errar es de humanos…Rectificar es de sabios….

lunes, 18 de noviembre de 2013

HAITI: UN VECINO INGRATO

Wilson A. Acosta S.

Haití construye un muro en su frontera con la provincia de Elías Piña. Esta edificación expresa en forma categórica, sin necesidad de explicación, sin haberse dado una consulta amigable con las autoridades de nuestro país, una clara manifestación de su soberanía, de su sentimiento de nación, de su apego a su terruño y a su cultura. Transmitiéndonos sin lugar a dudas con este mensaje, una palpable intención que nos hace recordar que somos dos pueblos diferentes e independientes el uno del otro.
Este acto soberano del estado vecino debe servirnos como lección a los dominicanos. Es un ejemplo a imitar; y si no lo imitamos, por lo menos ese hecho debería inducirnos a la reflexión y al entendimiento... ¡Porque es una advertencia!
Ninguna nación ha sido más solidaria que la nuestra con Haití, sobre todo en sus momentos de desgracia. Los haitianos han llegado a nuestro territorio en estampida, urgidos por la pobreza que los abate, cruzando impunemente la frontera, siendo recibidos con sentimiento de conmiseración.

Se han establecido en nuestros campos y en nuestras ciudades, donde han hallado en la medida de lo posible trabajo para ganar el pan de ellos y el de sus familias, escuelas, hospitales… Sin ser molestados. Es una crueldad que nos acusen de xenófobos, pues siempre les hemos brindado protección.

A pesar de que una gran mayoría de nuestro pueblo también sufre los rigores de la miseria y del desamparo social, hemos sido consecuentes con el dolor del vecino. No obstante, algunos de sus líderes no dan en sus pronunciamientos el más mínimo indicio de haberlo advertido.

Otros tantos son traídos por sectores poderosos de ambos países, que representan a las grandes empresas de la construcción y del agro, en una inhumana modalidad de explotación que asegura grandes ganancias económicas, pero que también proporciona empleos remunerados a esa masa de desempleados. Años atrás ingresaban legalmente mediante contrato entre ambos gobiernos por el tiempo que durase la zafra para emplearlos en las labores del corte de la caña en los centrales azucareros.
En la actualidad, tenemos un número significativo de estos inmigrantes ejerciendo la mendicidad en las calles y las plazas de nuestras grandes ciudades.
En estos tiempos el fenómeno migratorio ha devenido en un gran dolor de cabeza para las naciones desarrolladas y más aun para aquellas naciones del tercer mundo que han logrado algún avance en sus economías.
El crecimiento de la población en el mundo está desbordando todos los parámetros. Ya nuestra isla posee más de veinte millones de habitantes, repartidos casi por partes iguales en las dos repúblicas que la ocupan.

De acuerdo con reputados organismos internacionales Haití es un estado en franco proceso de desintegración, con pocas o ninguna posibilidad de subsistencia. Realmente el orden público en Haití es mantenido en forma precaria por una fuerza internacional llamada Minustah. Ante este drama se hace evidente que nuestro país no puede cargar con la quiebra de ese pueblo hermano.

El status de ilegalidad en que se desenvuelve esa inmensa masa de hombres y mujeres migrantes de todo el mundo, que huyendo al hambre desafían la muerte para ingresar a territorio extranjero, violando las legislaciones de los respectivos países al que ingresan, ha provocado que los estados desempolven y actualicen sus leyes referentes al tema de la migración, prestos a definir siempre a la luz del derecho el status de cientos de miles de ilegales que como en el caso de nuestro país dominicano se han establecido impunemente durante décadas, protegidos por sectores poderosos de ambos lados, ante la actitud cómplice de los gobiernos de turno.

El gobierno dominicano no tiene control de los haitianos que viven entre nosotros, aquí no existe registro oficial de estos y en su país natal no hay institución que los dote de documentos, son no menos que fantasmas, pues no poseen una carta de ciudadanía o documento de identificación, por lo que cuando estos delinquen aquí, se van al otro lado de la frontera para lograr su impunidad, pudiendo regresar después sin que exista ninguna posibilidad de poder ser identificados. Es materialmente imposible para nuestro país manejar sin un reglamento legal esos centenares de miles de migrantes haitianos, (en menor número de otros países), que han aumentado increíblemente su número después del terremoto del 12 de enero del 2010.

Ahora por fin nos encontramos en la vía que posiblemente ha de conducirnos a la solución de este viejo y espinoso asunto que nos amenaza con transformar en un caos la vida y la organización civil de nuestra sociedad.
La sentencia TC/o168/13 evacuada por el Tribunal Constitucional que rechaza el recurso de revisión de amparo interpuesto por Juliana Dequis (o Deguis) Pierre, contra la sentencia num. 473/2012 dictada por la Cámara Civil, Comercial y de Trabajo del Juzgado de Primera Instancia del Distrito Judicial de Monte Plata, ha levantado una tormenta en nuestra sociedad, en cuyo vórtice se enfrentan dos posiciones diametralmente opuestas: una a favor, otra en contra, atrincherados unos en razones nacionalistas quizás extremas y otros esgrimiendo razones de derecho posiblemente vistos a través de un lente de aumento.

De acuerdo con la sentencia del T.C., Juliana Dequis es una persona “que si bien nació en el territorio nacional es hija de nacionales extranjeros en tránsito, lo cual la priva del derecho al otorgamiento de la nacionalidad dominicana de acuerdo con la norma prescrita por el artículo 11.1 de la constitución de la República promulgada el veintinueve (29) de noviembre del año mil novecientos sesenta y seis (1966) vigente en la fecha de su nacimiento”.

En su dispositivo esta sentencia manda a la Dirección de Migración otorgar un permiso de estadía especial temporal en el país a la señora Juliana Dequis hasta que el plan nacional de regularización de los extranjeros ilegales radicados en el país previsto en el artículo 151 de la Ley de Migración num. 285-04 determine las condiciones de regularización de este género de casos, y manda además, que se le otorgue el mismo trato o procedimiento a todos los casos similares que pudieran presentarse, hasta que la autoridad competente finalice dicho reglamento que regirá en lo adelante la población de inmigrantes en nuestro territorio.

La diplomacia haitiana genera una gran presión internacional a raíz de la sentencia del T.C., presiona contra nuestro país en defensa de sus nacionales, los entiende gravemente afectados por la decisión, tratando a como dé lugar de frustrar los intentos legítimos del país en reglamentar la situación anómala de sus connacionales que se han establecido ilegalmente en nuestro territorio, acusando al T.C. de despojar de la nacionalidad dominicana a miles de haitianos nacidos en nuestro territorio.

Mientras eso sucede, los dominicanos no hemos podido llegar a un acuerdo que defina este pesado problema de la diáspora haitiana sin lesionar el derecho de nuestro pueblo, preservando y aceptando los derechos que hayan sido justamente adquiridos por algunos hijos de estos extranjeros nacidos en nuestro país.

La constitución vigente proclamada el 26 de enero del año 2010 en su artículo 18 que define la nacionalidad, establece lo siguiente en su numeral 3), que son dominicanos: “las personas nacidas en territorio nacional, con excepción de los hijos e hijas de extranjeros miembros de legaciones diplomáticas y consulares, de extranjeros que se hallen en tránsito o residan ilegalmente en territorio dominicano. Se considera persona en tránsito a toda extranjera o extranjero definido como tal en las leyes dominicanas.”

En relación a este conflicto el representante residente de la ONU en nuestros país Lorenzo de Luis dio estas declaraciones recogidas por la prensa nacional: “que ese organismo considera que la única salida para resolver el problema de los indocumentados en República Dominicana es la implementación del programa de regulación que manda y obliga la sentencia emitida por el Tribunal Constitucional, respetando la soberanía nacional, los acuerdos internacionales y los derechos humanos”. “la sentencia es un hecho, prosiguió, ya es final, es inapelable e inamovible. La sentencia ya no está en tela de juicio ni es susceptible de ser considerada por nadie ni mucho menos por un organismo internacional. La sentencia es lo que es”.

Igual, se vislumbra una diferencia entre el ataque bestial de la diplomacia haitiana y la sensata declaración hecha en Jamaica por su presidente Michel Martelly en la que afirma que la sentencia de nuestro Tribunal Constitucional es una mera expresión de un país soberano.

El aspecto humano y el respeto a los acuerdos internacionales, al que se refiere y exigen personalidades y entidades tanto del país como internacionales, habrá de expresarse cuando se produzca el reglamento del plan de regularización, nuestro Estado posee todos los recursos tanto en el orden político como en el orden jurídico para hacerlo, es esto sin lugar a dudas lo que más preocupa y lo que más se discute, o sea, el camino o la tendencia que podrían tomar las reglas que este reglamento disponga.

Humildemente creemos que se ha originado una gran ola de pasión en torno a la interpretación de la sentencia mun.116-13 del T.C. y que el desborde de estos sentimientos no ha permitido la interpretación en frio de lo que esta manda y decide, por lo que invito a todos nuestros líderes políticos y sociales inmersos en el tema a reflexionar la sabia frase de Santa Teresa De Jesús que nos dice lo siguiente: “Los extremos son malos, aunque estos estén vinculados con la virtud”.

jueves, 31 de octubre de 2013

EL DESTINO DE LA ROSA
Wilson A, Acosta S.-


Tú y yo perdidos
En la canción de un poeta
enamorado, que un día,
con una historia triste tras de si
Decidido a vivir en una estrella
Convocó nuestro amor
Antes de irse, y nos dejó un poema.

Y así quedamos, prendidos,
Amarrados… atados
A la canción que nos brindó el poeta…
A la utopía, al corazón
al alma…Día tras día…
Soñando el mismo sueño.

Tú y yo encendidos, ocultos…
Solos en nuestro mundo
Cultivando con celo esta ilusión
Que es nuestro único y veraz destino.


¿Qué sería de la rosa si faltaras?
¿Qué sería de ti
Si te arrebata el viento
Por la senda sin regreso de la muerte
Y te alejara de mí?…
¡ Oh vida!
¡ sólo para perderte!

Si es que de ti
ha de emigrar la canción y la risa
Y si un obscuro abismo
Ha de borrar el brillo en tu sonrisa
Entonces, mi utopía, mi corazón
mi alma… mi prisa, ha de seguir
tras tu loca carrera… Porque soy yo
el que ha de dar cobijo
a los anhelos de tu corazón
como a todas tus penas…
A la humedad de tus ojos
si es que lloras
a la tierna sonrisa que brote de tus labios
si es que el rosal florece
¡Porque yo he de ser el guardián
de todas tus historias!

Y si es que un día
han de quedarse solos los amores
¿Qué sería de esa rosa en desamparo?
¿Sin unos labios que le den un beso?
¿Sin el rocío que moje sus colores?
¿Sin el candor de tus húmedas mañanas
arrullando sus pétalos de seda…
libando su corola gota a gota?

Tú y yo, solos…
Quedaremos amando para siempre
Hasta el final del tiempo
Que nos quede
Hasta que el amo de la vida quiera
Unidos para siempre en estos versos
Vibrando en la canción postrera
Revoloteando como las mariposas
¡Danzando en nuestro cielo !
Viviendo en comunión esta quimera
¡Alrededor de nuestra rosa eterna!

Tomados de las manos
Asidos al recuerdo del poeta
Que dejamos dormido en una estrella

¡Tú y yo, solos!….
Solamente tú y yo…
Más allá de la estrella
Más allá del poeta y de la quimera
Cultivando la rosa…enamorados…
Abrevando en la luz de aquel poema
! Hasta que el amo de la vida quiera!

martes, 13 de agosto de 2013

Divagando
Wilson A. Acosta S.

Mi poema está hecho de sol
De ese sol que cubre nuestra tierra
Aquel que nos abraza
Con la tibieza de su luz en la mañana
Y en el incendio de su meridiano
Derrite la resina en los pinos añejos
Proyectando sus rayos desde el cenit
De la comba celeste
Sobre los montes altos de la sierra
Marchitando el verdor de las hojas tristes
Prendidas a las ramas de árboles sedientos

Mi poema es la canción del monte seco
Que salpica de sal la brisa en este valle
De garzas de tilapias y de caimanes
Disfrutando en libertad los humedales
Disputándose en su habitad la vida


Mi poema agoniza de sed
En la canícula del medio día
Como si el Lago le lamiera las entrañas
Cubriendo de amarguras sus reclamos
¡Tan cerca de la fuente de agua viva!

Mi poema es un pueblo que resiste
El martirio de la brisa ardiente
Que día a día su anatomía castiga
Dando a su piel hecha de azúcar prieta
Sabor a miel y color de oro viejo
Bebiéndose el sudor que brota
A borbotones de su cuerpo isleño
Como jugo de caña brotando del trapiche
Como el agua mansa que corre en Las Marías
¡Como el torrente de tu sangre !pueblo mío!
Que derramaste en Cambronal y en La Canela!

Mi vieja y cadenciosa rima se alimenta
Del lejano tan… tan… de los tambores
Perdidos en los rituales del pueblo originario
Y en las historias de íncubos y súcubos
Que viven en la memoria cuasi diluida
De los cuentos heredados del abuelo

Mi poema viaja envuelto en puras ráfagas
Del huracán veraniego
Creador del rocío que moja extraños suelos
Prendido a la esperanza de lejanos deseos.

Mi poema es aquel lago de sal
Que insensible, sin compasión devora
Su natural entorno, dejando un rastro
De árboles caídos y de animales muertos
Borrando las huellas del ayer y del hoy
Escribiendo sátiras sobre sus restos

Arropando de olvidos los recuerdos
Que el cimarrón y el indio un día
Borrachos de pasión y de lascivia
Dejaron escondidos en la maraña
Del mapa genético que nos legaron
Sin saber lo que hacían…

El ritmo de mi verso descubre horrores
Sobre el largo camino
Tantas veces violado
Tantas veces andado y desandado
Crucificado por incontables huellas
Que estamparon en su ir y venir
Sobre su lomo de piedra y tierra blanca
Los antiguos caminantes
Empujados por riadas de racismo
De grifos de negros y de mulatos
En pos de la anhelada Libertad

Mi poema es un mar enfurecido
Que se desliza amenazante
Sobre la quietud de la tierra
Arrasando… desgajando la vida
En su tenaz delirio, negando paz
A los hombres a las aves y a los peces
Que sueñan con un último refugio
Donde no llegue la discriminación
Ni sea una práctica aleve la injusticia…

EL LAGO………
W.A.A.S

El lago es un poema en rebeldía
Es un brazo de mar enfurecido
Que marcha indetenible tras los cerros
Hambrientos de vegetación
¡Añorando a su Enriquillo inmortal
Veterano de batallas sin memoria!

El lago es una ira inexplicable
Desterrada por el mar Caribe
Que ahoga las llanuras indefensas
Arrebata cultivos y sepulta poblados
Se ensaña en la debilidad
De nuestro sur profundo
Colmándolo de dolor y desamparo
Llenándole de sinsabores el camino
Anegándolo en lágrimas…

Mis versos son el lago inmenso
De olas embravecidas
Que amenaza las míticas Caritas
En su lento y trágico caminar
Tras un lecho olvidado… ya extinguido…
Por implacable designio de los tiempos…


CONFIESO QUE:
W.A.A.S

Te cultivé en mis sueños
Con los mismos cuidados
Y con el mismo amor
Que cultivé las rosas del rosal

Aspiré con delirio toda tu aroma
¡No reparé en tus punzantes espinas!
¿Quién podrá definir todas las cosas?
¡Rosas y espinas son inseparables!

¡Cara y cruz que se revelan
En todas las facetas de la vida!
¡El eterno caer y el levantarse
De nuestra humanidad rediviva!

¿Sabes de alguna calle
que carezca de esquina?
¡Siempre la noche obscura!
¡Siempre el sol con su luz!

¿Quién fue aquél que amó tanto
Que en el frenesí de su pasión
hizo derramar el cáliz consagrado?

¿Quién fue aquél que se aferró al dolor
Y sin advertirlo halló el amor
Aguardándolo en su cielo redimido?

Yo confieso, que al cultivar la rosa
Y al aspirar con delirio sus aromas
Mi pobre corazón sin admitir razones
Me hizo olvidar la crueldad de las espinas

No percibí que el rosal escondía
Entre sus ramas y sus hojas verdes
Tras el color de sus pétalos de seda
Adherida a sus tallos, el arma artera
Que me causó la irremediable herida

Perdí mi libertad, y en inocente afán
También perdí mi corazón transido
¡Triste final de lágrimas vertidas!